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Revés a Duarte

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Por: Armando Ríos Ruiz
26 de Julio 2017
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Un costal lleno de alfileres, debió sentir que cayó sobre su lomo, Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz, al escuchar al juez federal, durante su segunda audiencia, el sábado pasado, que era la cabeza de una “organización criminal” que saqueó recursos públicos de Veracruz y que a través de prestanombres adquirió propiedades y bienes con dinero que éstos se encargaron de “lavar”.

Una diferencia diametral con la primera comparecencia. En esta ocasión, los fiscales aparecieron mejor preparados y dispuestos a borrar la deplorable impresión que dejaron anteriormente, de ser ineficientes e inútiles o de que fueron conminados por algún personaje muy poderoso, para realizar un papel desastroso que favoreciera al ex mandatario.

Los hechos del sábado borraron la sonrisa de Duarte y de sus defensores, encabezados por Marco Antonio del Toro, quienes ya no se vieron tan agudos, ni inteligentes ni mejor preparados que sus contrarios y que no atinaron a demandar de manera grotesca, que se cambiaran algunos lineamientos de las acusaciones y de la presentación de las numerosas pruebas.

Seguramente, en esta ocasión, Duarte no recordó por un instante la rima sevillana alterada, que dijo en Guatemala a periodistas que cubrieron su proceso de extradición y que los dejó confundidos: “Paciencia, prudencia, verbal contingencia, presencia o ausencia según conveniencia”. Tal cita hizo pensar a muchos, sobre todo después del primer encuentro con los fiscales, que alguien le informó que su juicio sería generoso, a su favor.

Inclusive hoy, después del resultado de la segunda comparecencia, los veracruzanos, los mexicanos, desconfían aún de lo que pueda ocurrir dentro de seis meses, cuando se inicie el juicio, cuando las cosas se enfríen y se olviden un poco. Hay razón. Lo que se ha observado desde que se presentaron las primeras denuncias en contra del ex gobernante, casi al principio de su mandato, fue una proclividad de la PGR a desatenderlas por completo para suministrarle ayuda.

Después de que dejó Veracruz y huyó había noticias, desde el año pasado, de que estaba en el país centroamericano. Sin embargo, la misma institución no solicitó a las autoridades guatemaltecas la búsqueda y su detención. Es obvio que el pueblo de México pensara y piense en una deuda del gobierno, por sus generosas colaboraciones.

Por lo pronto, en esta ocasión, los defensores se llevaron una gran sorpresa. Por el bien del país, por la quebrantada credibilidad de los ciudadanos en  sus  gobernantes,  deberían  ordenar  en  este caso y en todos los semejantes –que son muchos–, que la autoridad cumpla con su papel, como está obligada.

ariosruiz@gmail.com

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