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  • Mirelle Martínez
  • Reforma, sangre y represión: La educación no se "emPeña" 

  • La violencia más terrible proviene del Estado Mexicano

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  • Desde hace años, México sufre una terrible crisis de derechos humanos que al crecimiento del crimen organizado ha cobrado relevancia a la luz de los miles de muertos y desaparecidos de una lucha que al día de hoy ya no se sabe si se libra contra los cárteles de la droga, entre ellos, o del lado de alguno en particular promovido por todo el aparato del Estado mexicano, y a diario, esta realidad se ve aún más robustecida por la crisis política y la convulsión social que vivimos bajo un régimen represor, soberbio, ignorante y necio.  

    Sí, porque la violencia en nuestro país no sólo avanza desde las filas del crimen, o de las esferas delictivas de todo orden, hoy, la violencia más terrible proviene del Estado Mexicano y encalla en los puntos más vulnerables de nuestra sociedad, promueve la intolerancia y se resiste al diálogo y la participación activa de la ciudadanía en las decisiones que les impactan de forma directa, como si regresáramos 50 años en el tiempo y volviéramos a ver al PRI opresor que tantas vidas le debe a los movimientos sociales y que tanto daño hizo a la consolidación democrática en nuestro país.  

    La farsa de reforma educativa que impulsa a la fuerza el gobierno de Enrique Peña Nieto, está fundada más en cambios administrativos y laborales que afectan los derechos alcanzados por los maestros y maestras de México, y no bajo la lógica del beneficio a cientos de miles de niños del país que hoy cursan su educación básica, sino que pone en riesgo la enseñanza pública; la ley del servicio profesional docente sí viola los derechos por los que durante décadas las y los maestros de México lucharon, y con ello, pone en riesgo la estabilidad laboral de miles de docentes a quienes el propio sistema no les ha brindado las herramientas necesarias para concursar y superarse en un piso parejo pese a que muchas y muchos han consagrado su vida y sus esfuerzos a la enseñanza, porque hay que decirlo muy claro, los liderazgos sindicales no son todo el magisterio, y quienes hoy están en la calle luchando sólo buscan una reforma que sí sea educativa y que garantice beneficios a las niñas y los niños de México, sin violentar las prerrogativas que por décadas se han logrado a cuentagotas por un sector que tiene de origen, la labor más loable de todas; la de educar a las generaciones de este país. 

    Hay otra cosa que también tenemos que decir claro y fuerte, la legítima defensa de las y los maestros sobre sus derechos no puede, ni debe confundirse con los abusos y excesos que algunos grupos de choque cometen a expensas de las movilizaciones magisteriales y que hoy, han conducido a un estado de alerta en NochixtlanOaxaca, y por qué no decirlo, en todo México; y es que pese a los grupos violentos que el gobierno federal asegura, están infiltrados en las movilizaciones, la realidad se manifiesta a través de 10 muertos y decenas de heridos, de los que nadie se hace responsable, a pesar de la evidente represión de la que desde antes y durante los enfrentamientos han sido víctimas los maestros desde que la secretaría de educación pública se propuso imponer a toda costa la reforma en cuestión. 

    La lucha del magisterio puede parecer mezquina, incongruente y egoísta, mucho más a la luz de los conflictos violentos pero el fondo es cierto, y está asentado en el papel, nadie se inventa motivos para salir a las calles a exigir justicia; desde hace años, incluso desde el sexenio anterior, la educación pública ha recibido embates importantes que nada tienen que ver con el problema de fondo; la propia educación de las y los niños de México. 

    Muchos errores han cometido Aurelio Nuño y Enrique Peña Nieto, en su momento el ex titular de la SEP, Emilio Chuayffet; los más graves, sin duda, son la sordera con la que definieron la estrategia para imponer esta reforma y la insensibilidad con la que el secretario de educación se ha referido desde entonces al sustento de mies de maestros que a pesar de sus errores, han aportado al sistema educativo y que hoy, están en una terrible posición de desventaja frente al poder del Estado; esa sordera se ha convertido en un rugido atroz de represión y violencia, manipulación política y persecución. 

    Claramente es necesaria una reforma educativa, pero ¿vamos a permitir que sea a punta de violencia y bajo la imposición de un sistema podrido? Porque lo que sí urge es una reforma que garantice mejorar la infraestructura, el acceso y permanencia de niñas y niños en zonas rurales, y que sea de calidad, de verdadera calidad, con libros de texto sin errores, actualizados etc… en fin, una reforma pensada para elevar el nivel educativo en México, no para castigar a quienes no cumplan el capricho miserable de un gobierno. 

    El uso de la fuerza pública contra los maestros de este país debe ser motivo suficiente para acompañarlos en su lucha, frente al descrédito que han planeado Nuño y Peña para disfrazar los errores propios y la cerrazón que ha marcado a esta reforma permanentemente. 

    No podemos permitir que el abuso de la fuerza pública siga normalizándose en cada manifestación que señala las deficiencias de gobiernos y gobernantes, si como mexicanos seguimos indolentes ante la abrumadora represión que se vive desde el Estado y por el Estado, esa represión, invariablemente llegará a nosotros; hoy, la causa más grande debe ser la de estar unidos en una sola voz frente el verdugo que asesinó o con sus armas, o con su indolencia o con su soberbia a esas personas en Nochixtlanes hora de reconocer que la violencia del Estado no la justifica absolutamente nada, y que contra el gobierno represor el único antídoto es un pueblo unido.

    WGA

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