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  • Por Vladimir Galeana/La Coyuntura

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  • Hay una nueva forma de gobernar y ejercer el poder, y nada tiene que ver con la democracia ni con los espacios de gobernanza y gobernabilidad.

    Tampoco con la transparencia y la pulcritud que los contribuyentes esperamos de quienes gastan nuestro dinero. Mucho menos con la eficiencia que nos lleve a mejores estadios de bienestar o al menos a una paz que dure un poco más que la simple promesa de que las cosas mejorarán.

    Morelos es un claro ejemplo de esta circunstancia, pero el problema es que se está replicando en todos lados. El señor Graco Ramírez Garrido Abreu, de origen tabasqueño y avecindado desde hace muchos años en Cuernavaca, ha impuesto un estilo único que implica que su mejor aliado, o el hombre de mayor confianza, o quizá para precisarlo debidamente, su principal operador político, es su hijastro Rodrigo Gayosso Cepeda.

    El problema para los morelenses es que este joven ha acumulado muchos resabios a causa de sus excesos y por asumirse como el poder principal de la estructura administrativa estatal, llegando incluso a tomar decisiones personales sin consultar a su padrastro, quien la mayor parte de las veces tiene que apechugar las consecuencias de sus excesos y justificar su intromisión en los asuntos públicos de las dependencias, o cuando incluso llega a dar órdenes de forma directa a los titulares.

    El problema para los morelenses, con toda la complacencia del gobernador, es que ha venido utilizando el poder para hacerse de enormes cantidades de dinero, para hacer negocios con sus amigos, para tomar determinaciones ilegales, y para ordenar la vida política y administrativa en la mayor parte de los municipios a base de terror y amenazas contra quienes se oponen a sus designios e intereses.

    Para decirlo de forma clara y contundente, en Morelos hay una dictadura, y no la representa ni la encabeza el hombre que eligieron los ciudadanos en las urnas. En Morelos no existe la política, solamente la imposición, la improvisación, los negocios, la corrupción, el control de estaturas administrativas y de gobierno en todos los niveles, pero sobre todo, las cuotas obligadas para que el señor Gayosso pueda seguir manipulando a los grupos políticos.

    La presunta destitución de Cuauhtémoc Blanco como alcalde de Cuernavaca ha sido operada y decidida por el respetable y temido señor Rodrigo Gayosso Cepeda, quien hasta ahora ha demostrado que es el verdadero poder tras el trono, y quien se apoderó de la voluntad del gobernador legal. Este fenómeno no tan sólo es una amenaza a la institucionalidad, sino a la democracia misma y a la legalidad del país. Al tiempo.

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