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  • Existen otras naciones que quisieran hacer negocios con la nuestra.

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  • Al principio de esta semana, el Presidente Peña Nieto delineó la posición de la política exterior de México frente al nuevo y bipolar gobierno de Estados Unidos, cuya cabeza dice un día una cosa y al siguiente manifiesta otra, como la Chimoltrufia; que como inicio no está mal, aunque falta que comiencen a transcurrir los días para asentar de una buena vez por todas, con mucho valor y con más dignidad, lo que habrá qué hacer en lo sucesivo.

    La actitud del mandatario estadounidense, desde los tiempos de candidato, ha sido invariablemente agresiva, principalmente con nuestro país, que comparte una frontera con la Unión Americana de más de tres mil kilómetros, a lo largo de la cual, el controvertido Presidente construiría un muro que tendría un costo superior a los ocho mil millones de dólares que, desde su punto de vista, haría pagar a México. ¿Por qué a México, si quien desea construirlo es él y además tendría que ubicarse de su lado?

    El mandatario gringo da la oportunidad al Presidente Peña, de buscar una fórmula para transformarse, en el último tramo de su accidentado y pésimo mandato, en un gobernante meritorio, cuyo decoro podría posicionarlo en las páginas más brillantes de la historia mundial, si ofrece cada día un trato inteligente y sumamente valiente, para evitar que su homólogo se extralimite y logre imponer tratos ventajosos y abusivos, que tengan que ser aceptados de este lado, sólo por miedo.

    Hace más de 50 años, Cuba, una pequeña isla del Caribe, con una población de apenas 6.6 millones de habitantes (contra 11 millones que tiene ahora), inició una revolución. Después del triunfo de la misma, Estados Unidos pretendió usarla, igual que anteriormente, como el burdel más grande del planeta, como el paraíso de sus políticos y empresarios y como el punto de reunión y negocios de la mafia.

    Cuando Fidel Castro se negó, el gobierno estadounidense pretendió imponer un castigo, al dejar de comprarle azúcar. El gobierno cubano buscó de inmediato un sustituto y lo encontró en Rusia, con lo que provocó una rabieta que aún no termina de hacer su vecino. Esto no es más que un ejemplo de lo que puede lograr cualquier país ante otro, por poderoso que sea.

    Existen otras naciones que quisieran hacer negocios con la nuestra. China es la segunda en relaciones comerciales con México y seguramente estaría dispuesta a ensanchar sus fronteras mercantiles. Pero aún quedan más en el mundo, hacia las cuales se podrían voltear los ojos en un momento dado y de acuerdo con las locuras que pudiera observar un mandamás obsesionado con el prurito de hacer daño.

    Es cuestión de pensar en la mejor solución.

    ariosruiz@gmail.com

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