• Capital Morelos
  • Capital Morelos
    • Suscríbete >

    • Capital Morelos Capital Morelos Capital Morelos
  • Capital Morelos
  • MÁS SECCIONES
  • Capital Coahuila
  • Capital Hidalgo
  • Capital Jalisco
  • Capital Morelos
  • Capital Oaxaca
  • Capital Puebla
  • Capital QuintanaRoo
  • Capital Queretaro
  • Capital Veracruz
  • Capital México
  • Capital Michoacan
  • Capital Mujer
  • Reporte Indigo
  • Estadio Deportes
  • The News
  • EfektoTv
  • Diario DF
  • Capital
  • Capital GreenTV
  • Revista Cambio
  • Capital Digital
  • Capital Prensa
  • Capital Radio
  • Capital Media
  • Capital Morelos
  • Capital Morelos
  • Salvador Guerrero Chiprés
  • Desilusión y pérdida de confianza

  • Tres gobernadores del PRI en cuyos estados ese partido perdió la elección representan este síntoma

  • Capital Morelos Capital Morelos Capital Morelos
  • ¿Es desilusión o es pérdida de confianza lo que vive México respecto del comportamiento y los resultados entregados por los liderazgos?

    Tres gobernadores del PRI en cuyos estados ese partido perdió la elección representan este síntoma.

    A nivel nacional parece generarse un vacío, ese espacio de ausencia de razones claras y acciones contundentes para creer, o al menos saber qué esperar en los temas de educación, seguridad, ingreso, rendición de cuentas. Ello se asocia con la expectativa de liderazgos polares auto colocados “fuera del sistema” que ofrecen deshacerse de las causas de la pérdida de credibilidad, la desconfianza, la desilusión.

    Anuncian la exclusión, la anulación, el exterminio o marginación de los demás actores públicos o, en el mejor de los casos, igualmente simplificadores, la superación de los problemas cuya atención pospuesta, o su equívoca o francamente errónea confrontación, cogeneraron la desilusión nacional.

    Ante nosotros se despliega la evidencia de reformas estructurales negociables; de la autoridad puede posponer, a contracorriente de la ley, de su propio ordenamiento, de los beneficiarios objetivo de las políticas públicas, su intervención así sea dialogada; de que las apuestas por la ruta de desarrollo propuesto no generarán el crecimiento firmado y prometido o, también, que en la Ciudad de México la improvisación respecto del tema ambiental ocurrirá una y otra vez sin resultar en mejoras ni de movilidad ni ecológicas.

    Es decir, el desencanto se convierte en caldo de cultivo donde conviven la probabilidad tanto de una mejoría o un deterioro radical.

    La diversidad de caracterizaciones del estado que guarda la vida social y política del país, desde el presidencialmente reconocido “mal humor”, el encono reconocible en las encuestas publicadas por El Universal la semana pasada -con niveles históricamente bajos de aceptación de los principales liderazgos elegidos-, hasta la “turbulencia” que segmentos ilustrado o no de la izquierda sostienen como predominante, todo converge en el desplome de la confianza.

    Esta caída en picada de la confianza en los liderazgos puede ser el inicio de una más grave desacreditación de las instituciones sujetas a la presión económica, a la proveniente de la distribución de las prerrogativas internas de sus integrantes, así como del estrés externo donde coinciden la percepción deteriorada de liderazgos y la creciente sensación de incumplimiento creciente en los sectores más informados de la sociedad.

    Los indicadores de aceptación de los liderazgos, en contraste con algunos resultados de años previos al 2012 indican, por ejemplo, que los liderazgos empresariales, académicos o sociales desconfían hoy más de la autoridad -al aprobar menos su desempeño- que los ciudadanos en general.

    Ante el deterioro público de la confianza en los liderazgos, la probabilidad de debilitamiento de la percepción positiva de las instituciones, incluidos los partidos políticos, solamente los ciudadanos, en la recuperación de su poder de construir decisiones individuales y colectivas, pueden restituir la confianza desde abajo y desde dentro de lo que llamamos “sistema”, siendo este el conjunto e relaciones establecidos en la convivencia diaria entre nosotros y respecto de las entidades públicas y el conjunto de la autoridad.

    No recuperaremos la confianza si no reconstituimos nuestra relación con el sistema y con la autoridad. En ese proceso es indispensable la intervención en lo público y en el mantenimiento de un estado de alerta respecto del comportamiento de los liderazgos.

    La confianza es posible. Requiere la recuperación de nuestra ciudadana determinación constructiva, la misma que fue abandonada por segmentos de las elites en su apetito egocéntrico y sus incompetencias destructivas.

    WGA

    • Comparte
    • Capital Morelos
    • Capital Morelos
    • Capital Morelos
  • Comentarios Ver comentarios
  • Más de Opinión
  • Perfil Morelense
  • Perfil Morelense
  • Perfil Morelense
  • Perfil Morelense
  • Capital Morelos Capital Morelos
  • Capital Media Digital