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  • Mirelle Martínez
  • ¿A las niñas gordas no las quiere nadie?

  • Hay una nueva "moda" sobre las personas "curvy" respecto a cambiar los estereotipos

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  • Hay una nueva “moda” sobre las personas “curvy” respecto a cambiar los estereotipos que durante muchos años han hecho que las mujeres y los hombres nos obsesionemos con esos ideales casi inalcanzables de belleza que vemos en los medios y que incluso ha puesto a las personas al límite, promoviendo desórdenes alimenticios y psicológicos.

    La “moda curvy” y todo lo que se escribe alrededor de esta tendencia también crea consciencia sobre erradicar prejuicios y aceptar y aceptarnos de la forma en la que somos, eliminar etiquetas y con ello, el lenguaje discriminatorio en torno a un grave problema de salud pública, que no deja de serlo por cambiar el lenguaje; la obesidad.

    Según la organización mundial de la salud, “la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, y cada año mueren, como mínimo, 2,8 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso”, es decir, que de 56 millones de personas que mueren al año, al menos el 5% es por padecimientos directamente relacionados con la obesidad.

    No voy a centrarme en la estadística de salud que implica la obesidad, suficientemente alarmante es lo que representa en la tasa de mortalidad a nivel mundial; voy a centrarme en las implicaciones sociales que tiene la obesidad y en la triste relación que presenta con un grave problema que hasta hoy no hemos podido erradicar; la discriminación.

    Hablamos de discriminación estructural a las mujeres por nuestra condición de género, de las personas con discapacidad por algún impedimento motriz o mental, incluso de las personas con una orientación sexual distinta a la heterosexual, porque de algún modo, la lucha por visibilizar esta discriminación ha avanzado más que la que trata de quienes padecen una enfermedad silenciosa, pero a quienes también se les niega desde acceso a la salud hasta empleos a razón de su peso, condición física, y por qué no decirlo, de la apariencia.

    Dice el gobernador de Nuevo León Jaime Rodriguez “el bronco” que a las niñas gordas no las quiere nadie, y aunque su declaración es políticamente incorrecta, desafortunadamente eso es lo que miles de mexicanos, a diario, enseñamos y aprendemos con nuestros actos, a discriminar de manera irresponsable por un serio problema de salud pública que en México ha permeado alarmantemente en las y los niños y al que encima le echamos la burla y con ello perpetuamos el estigma que persigue a las y los obesos y que nos lastima también como sociedad.

    Problemas como el bullying y la propia discriminación se fomentan a través de la ignorancia, es irresponsable hablar de combatir la obesidad basándose en las implicaciones “estéticas” que conlleva, y no en los riesgos a la salud que representa; por ello es que debe hablarse de obesidad como un problema también social, y atenderla de manera integral, entendiendo que quien la padece es susceptible a dos enfermades: la obesidad y el cáncer social de la discriminación.
    Desde la industria de la moda hasta las más altas esferas artísticas, las personas obesas son excluidas y en muchos casos se presentan como antimodelo de belleza, lacerando la dignidad humana y promoviendo la disgregación de quienes luchan contra el sobrepeso.

    Hay una realidad innegable en torno a la obesidad que tiene que ver con la sociedad de estereotipos que hemos fomentado, porque en otros tiempos, en otras civilizaciones, una mujer obesa era símbolo de fertilidad, de bonanza; y no digo que esté bien, porque en el 99% de los casos,el sobrepeso es señal de mala salud, pero no puedo pasar por alto que en esta era, ser obeso significa un terrible estigma que niega oportunidades y que vulneran a las personas con este padecimiento.

    La obesidad no excluye, sí lo hace la gente que no entiende que es una enfermedad y que al igual que el cáncer o el vitiligo, por ejemplo. Si queremos una sociedad verdaderamente más justa para nuestras niñas y nuestros niños, tenemos que empezar a educar con amor y no con perjuicios, luchar, sí, por erradicar la terrible epidemia que representa la obesidad, pero entender y hacerle entender a nuestra sociedad que las personas con este padecimiento aman, sonríen y tienen derecho a la felicidad como todas y todos los demás.

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